"DEL AMOR DE JESÚS
SOBRE TODAS LAS COSAS."
1.
Bienaventurado el que conoce lo que es amar a Jesús, y despreciarse a sí mismo
por Jesús. Conviene dejar un amado por otro amado, porque Jesús quiere ser
amado sobre todas las cosas. El amor de la criatura es engañoso y mudable, el
amor de Jesús es fiel y durable. El que se llega a la criatura, caerá con lo
caedizo; el que abraza a Jesús, afirmará en El para siempre.
Ama a Jesús y
tenle por amigo, que aunque todos te desamparen, El no te desamparará ni te
dejará perecer en el fin. De todos has de ser desamparado alguna vez, ora
quieras o no.
2. Ten
fuertemente con Jesús viviendo y muriendo, y encomiéndate a su fidelidad, que
El solo te puede ayudar, cuando todos te faltaren. Tu amado es de tal
condición, que no quiere consigo admitir a otro, mas El solo quiere tener tu
corazón y como rey sentarse en su propia silla.
Si tú supieses
bien desocuparte de toda criatura, Jesús morará de buena gana contigo. Hallarás
casi todo perdido cuanto pusieres en los hombres, fuera de Jesús.
No confíes ni
estribes sobre la caña vacía; porque toda carne es heno, y toda su gloria caerá
como flor de heno.
3. Si mirases
solamente la apariencia de fuera de los hombres, presto serás engañado.
Porque si te
buscas tu descanso y ganancias en otros, muchas veces sentirás daño: si en todo
buscas a Jesús, hallarás de verdad a Jesús: mas si te buscas a ti mismo,
también te hallarás, pero para tu daño. Pues más se daña el hombre a sí mismo,
si no busca a Jesús, que todo el mundo y todos sus enemigos le pueden dañar.
"DE LA FAMLIAR
AMISTAD CON JESÚS."
1. Cuando
Jesús está presente, todo es bueno, y no parece cosa difícil: mas cuando está
ausente, todo es duro. Cuando Jesús no habla dentro, vil es la consolación: más
si Jesús habla una sola palabra, gran consolación se siente.
¿No se levantó
María Magdalena luego del lugar donde lloró, cuando le dijo Marta: El Maestro
está aquí y te llama? ¡Oh bienaventurada hora, cuando el Señor Jesús llama de
las lágrimas al gozo del espíritu!
¡Cuán seco y
duro eres sin Jesús! ¡Cuán necio y vano si codicias algo fuera de Jesús!
Dime, ¿no es
este peor daño, que si todo el mundo perdieses?
2. ¿Qué puede
dar el mundo sin Jesús? Estar sin Jesús es grave infierno: estar con Jesús es
dulce paraíso. Si Jesús estuviere contigo, ningún enemigo podrá dañarte.
El que halla a
Jesús, halla un buen tesoro, y de verdad bueno sobre todo bien. Y el que pierde
a Jesús pierde muy mucho, y más que todo el mundo. Pobrísimo es el que vive sin
Jesús, y riquísimo es el que está bien con Jesús.
3. Muy grande
arte es saber conservar con Jesús, y gran prudencia saber tener a Jesús.
Sé humilde y
pacífico, y será contigo Jesús; sé devoto y sosegado, y permanecerá contigo
Jesús. Presto puedes echar de ti a Jesús, y perder su gracia, si te pegas a las
cosas exteriores.
Si destierras
de ti a Jesús y le pierdes, ¿adónde irás? ¿A quién buscarás por amigo? Sin
amigo no puedes vivir contento, y si no fuere Jesús tu especialísimo amigo,
estarás muy triste y desconsolado. Pues locamente lo haces, si en otro alguno
confías y te alegras. Más se debe escoger tener todo el mundo contrario, que
estar ofendido con Jesús. Pues sobre todo tus amigos sea Jesús amado
singularísimamente.
4. Ama a todos
por amor de Jesús, y a Jesús por sí mismo: sólo a Jesucristo se debe amar
singularísimamente: porque El solo se halla bueno y fidelísimo, más que todos
los amigos.
Por El y en El
debes amar a los amigos y los enemigos, rogarle por todos, para que le conozcan
y le amen. Nunca codicies ser loado ni amado singularmente, porque eso a sólo
Dios pertenece, que no tiene igual; ni quieras que alguno se ocupe contigo en
su corazón, ni tú te ocupes en amor de alguno; mas sea Jesús en ti, y en todo
hombre bueno.
5. Sé puro y
pobre interiormente sin ocupación de criatura alguna. Es menester llevar a Dios
un corazón desnudo y puro, si quieres descansar y ver cuán suave es el Señor. Y
verdaderamente no llegarás a esto, si no fueres prevenido y traído de su
gracia, para que, dejadas y echadas fuera todas las cosas, seas unido con El
solo. Pues cuando viene la gracia de Dios al hombre, entonces se hace poderosos
para toda cosa: y cuando se va, será pobre y enfermo, y como abandonado a las
penas y castigos.
En estas cosas
no debes desmayar ni desesperar, mas estar constante a la voluntad de Dios, y
sufrir con igual ánimo todo lo que viniere a la gloria de Jesucristo. Porque
después del invierno viene el verano, y después de la noche vuelve el día, y
pasada la tempestad viene gran serenidad.
NOTA: Tomado del Libro "IMITACION DE CRISTO," del
Padre Tomas de Kempis.
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