“LA FE DEL LEPROSO EN JESUS.”
La mayoría de las
veces, la Fe en Cristo nace en el dolor
o en un momento difícil que podamos estar pasando. Creo que todos los que nos
hemos acercado al Señor y que decimos ahora conocerlo, lo hemos hecho o ha
nacido esa Fe en el dolor o necesidad de algo; porque necesitábamos de Él. Y al
ver su ayuda, su Poder sanador y liberador, no nos ha quedado otra que “aceptar
que Dios existe, que Él se ha manifestado y que necesitamos de Él.”
En raros casos
la Fe en Cristo nace cuando estamos bien, con dinero, nuestros hijos
saludables, no hay problemas graves, y si los hay los resuelvo rápidamente, no
estoy enfermo, etc. En la mayoría de los casos, nos acercamos a Dios porque
estamos “sufriendo y necesitamos consuelo, compañía, Amor y comprensión.”
El Santo Evangelio
nos dice en San Marcos 1, 40
Entonces se le acercó un leproso para pedirle ayuda y, cayendo de rodillas, le
dijo: “Si quieres, puedes purificarme.” 41 Jesús, conmovido, extendió la mano y
lo tocó, diciendo: “Lo quiero, queda purificado.” 42 En seguida la lepra
desapareció y quedó purificado.
Palabra de Dios------------Te
alabamos, Señor.
El Leproso en medio
de su necesidad; en medio de su pena
y dolor padecer de una enfermedad que “denigraba al enfermo, lo confinaba a
estar lejos de los demás; entre otras cosas, SE ACERCA A JESUS… Que gran paso
de Fe dado por aquel enfermo!!! Se acerca a Jesús quien lo puede sanar y
liberar de tal enfermedad.
Esta tiene que ser nuestro primer paso
de Fe en Cristo, ACERCARNOS A EL. De donde nace esa Fe? Nace de su necesidad;
de su dolor, de su pena, de su enfermedad, de su soledad, de su marginación, de
su aislamiento de la sociedad.
Por eso, si estas
enfermo o enferma gravemente;
o si hay un enfermo en tu familia grave, si los Médicos ya te dijeron que no
tienes cura, ACERCATE A JESUS. Da ese pasito de Fe en El que te llevará a
descubrir el Amor de Dios y Su Plan de Salvación para tu vida. Acércate a Jesús
como aquel Leproso lo hizo.
El Leproso en su dolor, humillación,
en su enfermedad da lugar a un elemento o ingrediente muy importante para
“acercarnos y adorar a Dios” y es LA HUMILDAD. No nos podemos acercar a Dios si
no reconocemos en nuestro corazón que necesitamos de Él.
El orgullo nos hizo
creer que éramos indestructibles o
inmunes a las enfermedades mientras teníamos salud; mientras gozábamos y
disfrutábamos de nuestro cuerpo en nuestra juventud.
El orgullo nos hizo
creer que todo lo podíamos y que todo
lo que teníamos era por méritos propios; dando lugar a creernos
AUTOSUFICIENTES. Es decir, que no necesitábamos de nadie; mucho menos de Dios.
Necesitamos quitar esa conducta o manera orgullosa de pensar y dar lugar a la
virtud opuesta: LA HUMILDAD.
Sin HUMILDAD no nos
podemos acercar a Dios; mucho menos
adorarlo. Aquel hombre enfermo se humilla a sí mismo, reconoce que Jesús le
puede ayudar. Se acerca y le adora; cae de rodillas. Le está diciendo a Jesús:
“Aquí estoy, soy tuyo Señor. Haz de mi lo que quieras.” Cuando nos arrodillamos
ante Dios, nos entregamos en cuerpo y alma a Él. Es un acto de HUMILDAD Y
SENCILLEZ para entrar a “lo Santo; a lo Sagrado; a lo Divino.”
El Leproso prepara
todo su ser para ADORAR A DIOS.
Muchas veces, podemos estar en la Iglesia, en la Asamblea, pero nuestra mente está
lejos de allí. Muchas veces estamos en la Iglesia o en el grupo de oración,
pero estamos más pendientes del teléfono celular. Este tipo de Adoración es
parcial; es estéril; es nula.
Esta es otra característica de la Fe
en Cristo y es que “antes de pedir, le Adoramos.” Nuestra relación con Dios no
será solo de PEDIR Y PEDIR; como el azadón dicen en mi país; es decir, solo
para adentro.
El Cristiano lleno de
Fe y cuya Fe ya ha madurado,
se “GOZA, SE DELEITA Adorando al Señor antes de hacer sus peticiones.” Nosotros
también podemos aprender del Leproso y dar lugar a los pasos de Fe que el da, amén!!!
Después de adorarlo, aquel Leproso
habla a Jesús, y le dice: “Si quieres, puedes purificarme.” Otro elemento muy
importante en nuestra Fe Cristiana es que “le pedimos al Señor, pero dejamos,
gustosamente, que El decida lo mejor para nosotros; es decir, dejamos que El
actúe de acuerdo a Su Santa Voluntad.”
Cuando lo hacemos
así, la desesperación, la
impaciencia, el miedo, DESAPARECEN para dar lugar a “la confianza plena en
Dios, a la Paciencia, y a la verdadera Fe en Cristo.” “Yo acepto muy
plácidamente todo; absolutamente todo lo que El decida hacer cuando yo le pido
en medio de mi necesidad más grande.”
El Leproso, humildemente y dependiendo
solo de Jesús, le dice: “Si tú quieres, purifícame.” Acepta la voluntad de Dios
con respecto a que recibirá, cuando lo recibirá y como lo recibirá. Pero que
hacemos nosotros? Todo lo contrario: “Lo queremos todo aquí y ahora y a mi
manera.”
Y qué pasa al actuar
así? Nos frustramos, impacientamos,
nos enojamos contra Dios, blasfemamos, nos alejamos de Dios para buscar
“soluciones fáciles y rápidas” en donde solo tengo que pagar a un brujo o bruja
para que me hagan una “limpia o me lean las cartas, las manos, y escuchar que
alguien me hizo brujerías o un mal satánico.”
Queremos bendiciones de Dios,
pero no queremos entregarnos a Él; no aceptamos, humildemente, Su Santísima
Voluntad, cuando le pedimos algo.”
Aquel Leproso pide a
Jesús, diciéndole “Si quieres,
purifícame.” Y RECIBE de Jesús la siguiente respuesta: “Lo quiero; queda
purificado.” Y dice la Palabra que “aquel Leproso fue sanado inmediatamente.”
Versículo 42 nos dice: “En seguida la lepra desapareció y quedó purificado.”
Aquel hombre enfermo de Lepra RECIBE LA BENDICION DE DIOS. Alabado sea el
Señor!!!!
Como vemos en esta cita Bíblica, el
Leproso recibe la Bendición. Nosotros podemos recibirla también si nos
decidimos a seguir los pasos de FE EN CRISTO que el Leproso tomó:
1. Toma la decisión, en medio de tu
dolor, enfermedad, problema, enfermedad de un familiar, de acercarte a Jesús,
2. Humildemente entrégate a Él por medio
de la Adoración. Dobla rodilla; como diciéndole a Jesús: “Aquí estoy Señor. Soy
todo tuyo. Haz de mi lo que quieras, como quieras, donde quieras.”
3. Después de Adorarle, haz tu petición y
dile al Señor que siempre se haga Su Santísima Voluntad; no la nuestra.
4. Espera pacientemente la respuesta de
Dios,
5. Prepárate para recibirla.
Hermanos, demos lugar
a la FE EN CRISTO en medio de ese
dolor o sufrimiento, pídele perdón por tus pecados, acércate, adórale,
entrégate a Él, pídele confiadamente y espera con paciencia Su Respuesta. Él te
dará lo que más te conviene; lo mejor para tu vida!
En cierta ocasión, Jesús le dijo a una
hermana: “Me conocerás en el dolor.” Demos lugar a que nuestra FE EN JESUS
nazca, crezca, se desarrolle, se fortalezca, madure desde nuestra enfermedad,
dolor, sufrimiento o problema, AMEN!!!
No comments:
Post a Comment